Las despedidas son esos dolores dulces

En Lima, Peru hay un restaurante chino en el que conocí el sabor agridulce


¿En Lima hay un restaurante chino donde conoci el sabor agridulce? No, no hay, había un restaurante chino. ¿Por que había y no hay?  
Habria que empezar diciendo que en Lima hubo y hay muchos restaurantes chinos, son muy populares, les llaman chifas y no restaurante chino y abundan por toda la ciudad y creo que en el interior del pais tambien pero de eso no estoy tan seguro, solo se que una vez comi una de las comidad chinas mas ricas de mi vida en un chifa de la ciudad de Huacho pero eso es otra historia.
Esta es la historia de el chifa de los pececitos. Un restaurante de comida china cuyo exterior estaba rodeado por una serie de galerias de madera sostenida por pilotes sobre unas lagunitas artificiales repletas de pececitos. Hoy entiendo que eran carpas en ese momento eran pececitos.
Pero ¿cuando fue ese momento del chifa? ¿De que tiempo estoy hablando? Puertas para afuera, entre los años 1976 y 1988 puertas para adentro, de mi infacia hasta el comienzo de mi adolescencia.

Algunas cosas existen solo en un tiempo y luego, como los dinosaurios, se extinguen. Porque dejan de existir o porque las dejamos de transitar.

¿Pero el restaurant chino en cuestion, desaparecio? No se. Creo que no, alguna vez despues de ese tiempo volvi a ir y seguia estando ahi pero tan cambiado que ya no era el mismo. Era otro. El chifa era otro y los que ibamos eramos otros. Ya no pudo ni pudimos ser los mismos y entonces ese que fue dejo de existir.
El de mi recuerdo infantil era inmenso, exotico y muy agridulce. Agridulce la comida, agridulce la vivencia y su recuerdo.
Lo de la comida para todo aquel que haya probado la comida china que se hace en Peru es fácil de entender. Exquisitos y abundantes platos con gusto agridulce surgian de una cocina incansable hasta nuestras mesas. Si, eran mesas, dos para ser mas exactos; una de chicos y una de grandes. Yo me sentaba en la de chicos y veia venir con gran felicidad esos platos: wantan frito, empanaditas chinas, arroz chaufa, tallarin saltado, también habia un pato muy estrafalario y de hipnotico aroma pero ese no paraba en nuestra mesa, ese era solo para los grandes.
La version peruana, con nombres traducidos incluido, de la comida china fue mi primer maestro de paladar. Comiendola me hice curioso a los diferentes gustos y sus combinaciones.

Siempre se recuerda con amor a algo o a alguien que incentivo la curiosidad.

Antes y despues de comer era todo juego, mis cinco hermanos, algunos primos y otros nenes amigos de la familia y yo corriamos por esas galerías. Mirabamos los pescaditos, les tirabamos alguna miguita para que salgan a saludar o alguna flor de un enorme jazmin de leche que crecia en algun lugar de ese chifa aportandole aroma dulce. También corriamos para jugar escondidas o mancha.
Claro que había algo también agrio en esas noches, algo que completaba el gusto. Casi con exclusividad ibamos a ese chifa la ultima noche de nuestra extensa estadia en Lima. En esas noches limeñas de febrero con su confortable temperatura el restaurante y su delicioso comida funcionaba como una suerte de ultima cena y eran varios los reos que se encaminaba al caldalzo; el verano, las vacaciones, el tiempo compartido con la familia de Perú.

Mi madre se define como peruana, inmigrante.  Todos o casi todos los veranos de mi infancia ibamos a su tierra en el verano, asi desde que tengo memoria fui aprendiendo  lo maravilloso que son los reencuentros y lo tristes que son las despedidas.

El tiempo y las certezas corren diferente cuando uno es niño; yo sentia en aquel entonces que siempre ibamos a volver, que el año iba a pasar volando. Tal vez negaba la tristeza, tal vez confiaba en que el ordenamiento de mi mundo era inmodificable. Entonces esas noches de chifa-despedida no las recuerdo sintiendome triste. Al menos no las mas lejanas en el tiempo pero despues si, gradualmente fui entendiendo que cada verano es unico, que despues de las despedidas solo quedan promesas e intenciones, que los padres pueden a veces y a veces no,  que extrañar puede ser muy triste y entonces las ultimas cenas de Perú en el chifa de mas grande ya incluyeron alguna sensanción de tristeza por lo que venia. Fue cuando empece a entender el por qué de esos enormes abrazos en el aeropuerto al dia siguiente. Cuando reconstruyó ese tiempo me surge también admiración hacia mi madre y su fuerza para no soltar  sus raíces aunque los tirones de un lado y del otro le dolieran. También surge admiracion hacia mi papa y su incondicionalidad que la acompaño en eso de ir todos los veranos a Peru con 6 hijos porque eso le prometio al casarse y eso hicieron todo cuanto se pudo. Claro que hubo baches en esos viajes veranos mas grises y menos agridulces sin ir a Peru porque el dolar para comprar pasajes y pagar estadias puede fluctuar mucho en sudamerica y no siempre se puede con la fluctuaciones.

Empezar a verte en con los mismos años o en las mismas situaciones que recordas a  los padres de la infancia es la experiencia que mas te confirma tu adultez.

A veces, como en este texto, trato de recordar ese lugar, los pecesitos, la comida, las flores de ese jazmin, las corridas, las busquedas de tapitas de gaseosas en el pasillo donde restaurant se conviertia en cocina, las caras de los grandes y sus conversaciones espiadas. Lo hago poco. Recordar mucho es quedar muy expuesto a la tristeza, porque el recuerdo siempre es incompleto y en algun momento indefectiblemente termina y eso implica volver a despedirse de esos que ya no somos, de esos que ya no estan.

El tiempo paso dejamos de ir todos los veranos  a Peru, deje de ser un hijo al que llevan y traen de vacaciones. Guardo muchos recuerdos de alla, de mi vida alla, porque yo tenia de chico, dos vidas la de aca y la de alla. Ese alla ademas en esos años era un alla mucho mas lejano que este alla que supone hablar de Peru ahora. Nadie alrededor mio vacacionaba tan lejos, nadie o casi nadie sabia mucho de Peru mas alla de algun elegante volante central que brillara en Independiente o que fue el pais que San Martin independizó.
Con ese paso del tiempo mi chifa agridulce de ultimas cenas dejo de existir aunque el edificio continue en pie . Yo ahora soy un tio de pais lejano de sobrinos cuyos padres emigrarony que entonces recibe y despide con abrazos, besos regalos urgentes y acumulados.
Queda en mi una predilección por los gustos agridulces y una relación muy estrecha con los aeropuertos, los viajes, las distancias, las despedidas y bienvenidas.

Para acompañar la melancolia esta cancion y un gran abrazo.

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